martes, 13 de agosto de 2013

~Cap. 5~ Escocia

 
 
- Siempre hay una persona a tu lado que nunca te deja caer, te ayuda a encontrar la solución a casi todos tus problemas, no te abandona, y aunque lo haga, sabes que aún está ahí, para ti...


Julio, 1954...
Me encontraba en el asiento trasero del auto de mis padres, observando una vieja foto de mi abuela cuando era adolescente. No pude evitar sonreír y pensar lo bella que era.

"tu abuelo nunca pudo resistirse a sus encantos", solía decir mi madre y después ambas reíamos.

Mi familia tenía algo diferente pues, todos habían encontrado a su pareja ideal.Sé que es algo imposible, pero ayuda saber que en mi familia creemos demasiado en el "amor verdadero" y ponemos todas las esperanzas en encontrar a esa persona con quien pasar el resto de nuestras vidas. Mi abuela es de las personas más admirables de todas, y mi heroína, pues ha sido un ejemplo de fortaleza, amabilidad y sobre todo de amor. Jamás había visto nada igual, y no lo digo porque sea mi abuela, sino que su historia de como conoció a mi abuelo ha sido digna de admirar. Mi madre me dijo que las mujeres de su familia estamos destinadas a amar incondicionalmente, y que cuando encontramos al hombre indicado, jamás lo dejamos ir. Pasó con mi madre, mi abuela y el resto de las generaciones pasadas. Escuchar eso me hizo sentir paz, pues, me ayudaba mucho saber que algún día encontraré a alguien que sólo me amará a mi, y que nunca me lastimará...

Mi madre me despertó cuando llegamos a la puerta de la casa de mi abuela. Gracias a que el sueño me venció, el trayecto hasta ahí se me hizo bastante corto y sólo pude sonreír al bajar del auto. Mi abuela estaba muy enferma, por eso lo improvisado de nuestra visita, pero aún así, yo sabía que ella estaría bien, debía estarlo, por mi madre, por mi.
Mi padre había recibido días atrás un paquete de emergencia por parte de ella, donde decía que deseaba vernos, pues, teníamos mucho tiempo de no visitarla, y era cierto, pero ahora estamos aquí, con ella. En aquel paquete venía la llave de su  casa, así que no fue necesario tocar el timbre. Tomé mi bolso de mano y mi padre se ofreció a bajar todo el equipaje mientras mi madre y yo entrábamos a la casa.
En silencio pasamos al living, junto al sofá preferido de mi abuelo. No pude evitar sonreír con melancolía pero sabía que él aun seguía aquí.
Abuela:- desde su habitación en el segundo piso- Clair? Steven?- sonaba preocupada.
Sonreí y miré a mi madre.
Mamá: anda, ve, yo ayudaré a tu padre.
Sin más, corrí escaleras arriba y entré precipitadamente a su habitación. Me detuve en el umbral de la puerta mirándola. Sonrió.
Abigail: Oh, mi niña! cuanto te he extrañado!- extendió sus brazos para que yo cayera en ellos. Era tan agradable volver a verla. Su cabello, que un día llegó a ser de un rubio tan lindo, ahora caía color plata sobre sus hombros. Vestía un camisón de algodón blanco y su sonrisa resaltaba sin precedentes. Sus ojos seguían siendo tan profundos y de un verde con matices en café.
Cuando veníamos de visita parecía como si los años no pasaran en ella desde que nací pero, a excepción de ahora, se veía bastante cambiada, en su rostro el cansancio era notorio además el brillo que siempre había en su ojos ya no estaba... pero entendía el por qué. El motivo de este viaje: ella estaba enferma y quería vernos. Sin tomar en cuenta todos sus cambios, seguía siendo hermosa. Me alejé un poco y tomé su mano.
:- yo también te extrañe- sonreí. Habíamos pasado tanto tiempo abrazadas que mis padres terminaron de bajar el equipaje del auto y ya estaban en la habitación dirigiéndose a mi abuela.
Mi madre se acercó rápidamente y la abrazó. Me alejé mientras se saludaban y comenzaban una conversación. Mi abuela me hizo una seña de que me acercara y así lo hice. Me recosté a un lado de ella y me rodeó con un brazo.
Seguimos platicando por horas, en las cuales, muchas veces, la atención caía sobre mí, en la escuela y mis lecciones de piano. Hablaron sobre la empresa de mi padre y la cafetería de mi madre. En una ocasión mi madre, con preocupación, preguntó por su salud. La vi dudar pero, después de unos segundos de debatirse interiormente, contestó con tranquilidad.
Abigail: estoy... bien- la miró significativamente y mi madre bajó la mirada, asintiendo.

Unos golpes de nudillos en la puerta de entrada hicieron despertarme de mi pacífico sueño,
había dormido al lado de mi abuela ya que ella me lo había pedido. Los insistentes golpes en la puerta no cesaban por lo que decidí bajar. Al llegar me encontré a mi padre agradeciendo a un señor un poco grande, casi tan grande como la abuela. Cerró la puerta después de uno segundos y se dirigía a la cocina.
:- quien era? -pregunté pues nosotros no conocíamos a nadie en ese lugar.
Steven: sabías que tu abuela es muy amada por todos aquí?- dijo riendo y no evité hacer lo mismo.
:- era de esperarse. Es una excelente persona.- sonreí.
Steven: por supuesto que si.
:- donde está mamá?
Steven: preparando el desayuno, vamos- pasó un brazo por mis hombros y juntos fuimos a la cocina.
Mi madre preparaba una comida especial para mi abuela mientras yo la ayudaba a terminar con la que sería para nosotros. Al terminar, todos subimos los cubiertos, platos y vasos para desayunar junto a la abuela. Era genial volver a hacer eso de nuevo.
La conversación se hizo presente al instante pero ahora se trataba de mejores temas. Juntos recordamos los viejos tiempos, aquellos en los que mi abuelo aún seguía con nosotros, y reímos de lo bien que la pasábamos en esa época.
Terminamos y decidimos ir a darnos una ducha. Fui al cuarto que una vez fue mio en las vacaciones de verano. De los 6 a los 9 años, pasé con mis abuelos una semana completa ahí. Ellos me habían dado la habitación para que estuviera cómoda y me dejaron decorarla como quisiera. Amaba dibujar, era uno de mis pasatiempos favoritos además de tocar el piano y leer, así que decidí dejar volar mi imaginación. Aún seguía igual, como siempre lo dejaba, y sabía que mi abuela lo conservaba para mí. Mi maleta descansaba sobre la cama, decidí usar uno de mis vestidos favoritos, arreglé mi cabello con un listón a juego con mi ropa y decidí volver con la abuela.
La ayudé a tomar su medicamento y me pidió tomar una flores de su jardín.
Abigail: toma las rosas blancas, son mis favoritas.- sonrió- necesito algo que de vida a este lugar además de ti,querida.
Sonreí y asentí. En silencio baje las escaleras y me encontré a mi madre hablando por teléfono, al parecer las personas seguían preguntando por la salud de mi abuela, con una expresión bastante... angustiada? bueno, tal vez no estuvieran preguntando por mi abuela, pero si no era así, entonces... con quien hablaría?
Escuchó mis pasos acercarse a ella e inmediatamente forzó una sonrisa. Estaba confundida. Mi madre jamás se había comportado así, ocultando lo que realmente piensa o siente, pero al parecer hoy era a excepción.
Mamá: se lo agradezco mucho - intentó sonreír.- lo haré, lo prometo.- suspiró y colgó.
:- acercándome- pasa algo?
Mamá: nada,cielo.- me miró dulcemente.- tu abuela está despierta?
:- si, ya tomó el medicamento. Con quien hablabas? - no estaba dispuesta a dejarlo así. Su actitud no era normal.
Mamá: era el doctor Rider.- la miré pero sabía que esa sería la única respuesta que tendría de su parte en este asunto.
:- de acuerdo.- me dirigí al jardín.
Vaya sorpresa me llevé al ver lo genial que era! mi abuela llevaba días en cama pero el jardín estaba tan bien cuidado que parecía como si alguien estuviera cuidándolo por ella. Encontré el rosal y comencé a tomar con delicadeza las rosas. Ahora sabía por qué eran las favoritas de mi abuela. Sentada en el césped tomé unos segundos para tomar aire fresco. Sonó el timbre. Una vez, dos. Decidí levantarme e ir pues suponía que mamá estaba arriba. Creí que era mi padre pero, no. Habían tres chicos conversando distraidamente.
Todos me miraron sorprendidos y extrañados. Uno de ellos, supuse que sería el mayor,  llevaba en sus manos algo que no distinguí. Sonreí amablemente.
:- puedo ayudarlos en algo?- alcé una de mis cejas, divertida, ya que ninguno había cambiado de expresión.
Se miraron entre sí, los mayores, entrecerraron los ojos, y el más pequeño me sonrió alegre.
Chico:- aclarando su garganta- lo siento, soy... vecino de la señora Abigail, me llamo Stanley. Puedo preguntar  cómo se encuentra ella?- dijo preocupado.
:- oh, ella está bien, un poco cansada tal vez, pero bien.- sonreí.- se recuperará pronto.
Entre ellos intercambiaron una seria mirada.
Stanley: me... me alegro.- intentó sonreír. Qué le pasa a todos ahora que tienen que fingir estar alegres? hay una epidemia de la cual no me enteré?!- todos esperamos lo mismo.

silencio.

Stanley: bueno pues, mi madre me pidió que le entregara esto a la señora Abigail.- acercó el plato a mi.- son galletas de coco, sus favoritas.- sonrió.
:- vaya! sé que le encantarán pero... no quisieras entregarlas tu mismo?- dije amablemente-
así puedes preguntarle tu mismo como está.- alcé mi ceja. No quería ser grosera pero comenzaba a extrañarme el comportamiento de todos.
Stanley: pues - miró a los demás- creo que sí.- sonrió de lado.
:- de acuerdo.- sonreí amablemente. - siganme.
Pasaron y yo cerré la puerta. Comencé a caminar hacia las escaleras, con ellos a pocos pasos detrás de mi. Cuando llegamos, entreabrí la puerta.
:- abuela, tienes vista.- dije bajo.
Abigail: de quien se trata, querida?.- preguntó extrañada.
Abrí por completo la puerta y me alejé unos pasos para dejar a la vista a los invitados. Mi abuela sonrió alegremente y sus ojos se cristalizaron.
Abigail: mis niños! vengan acá.- extendió los brazos y se acercaron para caer en ellos.
Chicos: Abigail!.- sonrieron.
Mi madre miraba la escena con cientos de sentimientos mezclados en sus rostro, alegría, extrañeza y tristeza, todos combinados para dejarme confundida. Stanley le entregó a la abuela las galletas e inmediatamente sus ojos brillaron. Todos reímos por su expresión.
Abigail: no tiene nada de malo emocionarse por esto.- tomó una galleta.- además que son exquisitas! felicita de nuevo a tu madre por mi, hijo.- sonrió.
La abuela comenzó a platicar con ellos y me incluía en los temas de vez en cuando. Los minutos pasaron y recordé que había dejado las rosas en el jardín. Sabía que si no iba por ellas pronto, se marchitarían, y no quería que eso pasara.
Me disculpé con ellos y bajé rápidamente. Para mi suerte, las flores aún se encontraban en perfectas condiciones. Fui a la cocina que, justamente daba hacia el jardín, y tomé uno de los floreros que mi abuela tenía sin ocupar. Puse agua y después, con cuidado, hice un pequeño arreglo, coloqué el listón que sujetaba mi cabello alrededor del florero haciendo un moño, fui al living por mis pinturas y regresé a la cocina a seguir con mi arreglo. Unas flores surgían de debajo del pincel. Me absorbía tanto esto que no me di cuenta cuando alguien entró a la cocina.
X: hola...- parecía nervioso. Alcé la vista y lo vi...
:- hola.- sonreí.
Chico: vaya! eso es lindo.- decía sorprendido.
:-gracias. Sólo... jugaba.- reí.
Chico: pues eso no parece juego. Es como... una obra de arte en un florero.- hizo una voz rara y no pude evitar reír.
:- bueno, si tu lo dices, creo que lo creeré.- sonreí.
Chico: a ella le encantará.- entrecerró los ojos y una sonrisa leve se dibujó en sus labios.
:- sucede algo, verdad? - fruncí el ceño- en todo el día las personas me han mirado igual y no entiendo por qué. Ocultan algo, pero nadie me dice nada.- bajé la mirada.
Chico: puedo preguntarte algo?- asentí- cuantos años tienes? - dijo curioso.
:- 12... por qué?- lo miré extrañada.
Chico: por nada.- suspiró.- me alegra que ahora estés con tu abuela. Se nota cuanto la quieres.- sonrió dulcemente.
:- Es mi segunda madre.- reí y él hizo lo mismo.
Continuamos conversando de cosas sin sentido durante unos minutos más. Él era bastante gracioso, no paraba de reír todo el tiempo, y las historias que me contaba eran muy interesantes. Hubo una historia que me gustó en especial... era de fantasía pero aún así sonaba tan real cuando salía de sus labios.
Estábamos tan absortos en nuestra conversación que no nos dimos cuenta del tiempo. Stanley y aquella chica que los acompañaba, llegaron a la cocina y de inmediato se acercaron a nosotros.
Stanley: te estuvimos esperando todo el tiempo y no llegaste, Winnie.- rió junto con la chica y aquel niño al lado de mi los fulminó con la mirada.
Hasta ese momento no me había dado cuenta que no sabía su nombre... Winnie, vaya! era extraño pero me gustaba.
Chica: déjalo, Stan. Sabes bien que fue mejor que no estuviera ahí.- dijo seria.
Winnie y yo los miramos extrañados pero después ella le dirigió una significativa mirada y él compredió todo, aunque yo no.
Estaba a punto de preguntar pero ellos cambiaron rápidamente de tema. Ahora, Stanley y Leila, según dijo ella, habían tomado asiento en la mesa junto a nosotros mientras me preguntaban cosas sin sentido. De nuevo comenzamos con nuevos temas y así pasaron un par de horas, en las cuales, seguía sin dejar de reír. Ellos si que eran graciosos.
Después de un tiempo mi madre llegó con nosotros y los invitó a merendar. Lucía tan triste que era como si hubiera llorado... algo malo pasaba, y tenía que saberlo. Inmediatamente se negaron y dijeron que debían irse. Mi madre lo aceptó pero alejó a Stanley de nosotros y  lo llevó unos segundos al jardín.
Conversaban tranquilamente mientras nosotros sólo mirábamos extrañados la escena. Después de unos minutos regresaron y mi madre de nuevo había llorado. Estoy cansada de no saber que pasa!
Stanley: debemos irnos.- miró a sus primos y ellos asintieron.
Mamá y yo los acompañamos a la puerta. La abracé, a pesar de no saber que tenía, quería hacerla sentir mejor.
Stanley: puedo pedirle algo, señora?- dijo dudoso.
Mamá: claro, querido.- intentó sonreír.
Stanley: le importaría si invitamos a su hija  a venir con nosotros mañana?- me sorprendí pero no dije nada.
Mamá: por mí está bien pero, que dices, Jenna?.- me miró.
:- a donde vamos?- dije extrañada.
Stanley: iremos con mis padres a la bahía sango. Es un buen lugar para divertirse.- sonrió y los demás hicieron lo mismo.
:- pues, no lo sé.- dudaba en ir.
Mamá: cielo, creo que deberías acompañarlos. Nosotros debemos llevar a tu abuela con el doctor Rider y no quisiéramos que te quedaras sola en casa. Ellos te cuidarán bien, verdad?.- los miró y asintieron.
Leila: vamos! por favor.- me suplicó.
:- está bien.- sonreí
Lo tenía planeado. Mañana sabré la verdad. Era el momento perfecto para convencer a los chicos de que me dijeran que sucedía. Pero de algo estaba segura... no podía ser nada bueno. Debo saber que es... si o si.


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Aaaaaaww :3 he aquí su capítulo.
Tengo algo que decirles :s creo que el siguiente capítulo estará algo  :/  no quiero que suceda pero debe pasar. Esta semana tuve mucha inspiración y decidí hacerlo así de largo ^-^ espero no les moleste o les desagrade :x y les pido por favor que recomienden el fic si les gusta.
Si acaso lo estan leyendo pero no tienen una cuenta en blogger o simplemente no tienen tiempo de comentar, les pido que me den su  opinión aquí abajo en las reacciones del cap. de verdad necesito saber que piensan sobre este intento de fic :3
Por último sólo me queda decirles cuanto los aprecio y los quiero! :D

                                                        Con Cariño,
                                                                            Cynthia Lennon x3




2 comentarios:

  1. Oh:(((((((( supongo que no es nada bueno lo de su abuelita, mm:(.

    Winnie akskdfafs♥️ ¡es John! Jajaja♥️

    No importa que el capítulo siguiente sea largó creo la mayoría los prefiere así. c:

    ¡sube pronto! Cuídate♥️. Saludos.

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  2. Waaaaaaaaaa tienes que subir el 6!! te presionaré (~¬w¬)~ así como tu lo haces conmigo TwT jaja buen cap sigue!! pronto el 6!! ooo moriré (? xD

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